El pontificado de Pellegrini.

Eloy Macutela
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Malaga's Chilean coach Manuel Pellegrini looks on before the Spanish Copa del Rey (King's Cup) quarter-final second leg football match Malaga CF vs FC Barcelona at the Rosaleda stadium in Malaga on January 24, 2013

Lleva una tranquilidad en los ojos y en la piel que no en el peinado. Transmite paz y quietud de forma similar tanto en las ruedas de prensa, en el campo, en los entrenos como en el banquillo. Es muy raro verle enfadado con los árbitros, muy difícil justificando la derrota de su equipo por causas externas, casi imposible oírle hablar en términos peyorativos o negativos del otro equipo o de algún colega.


Este es Manuel Pellegrini, un tío de buena madera, de buen semblante y de buena pasta. Este es el chileno al que todos quieren tener como amigo. Un chileno trotamundos que dejó su huella impronta en cada pueblo en el que vivió, en cada equipo que entrenó y en cada futbolista con el que compartió.


No es codicioso, ególatra o egocéntrico. No tiene poses de estrella ni de celebrity. De grande muchos quieren ser como él. Es un verdadero estratega en sus relaciones humanas y sociales, y por supuesto en la relación con sus jugadores, con la prensa y con la directiva.


Es una mezcla coherente y necesaria para los tiempos que corren de líder paternal, cuando se precise, permisivo; eminentemente visionario y democrático a la vista y prueba de todos.


Es Manuel Pellegrini, ingeniero de profesión, entrenador de fútbol por vocación y todo un señor por convicción. Es Manuel Pellegrini y pasará a la historia por ser el primer entrenador que llevó al Málaga a la élite europea, a la élite del clasicismo ilustrado. Es Manuel Pellegrini y de momento su bagaje y señorío acompañó a tres equipos en competiciones europeas.


Es Pellegrini, un tío que cae muy bien, estupendamente.